Mostrando entradas con la etiqueta Colaboraciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colaboraciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de enero de 2008

Mirada somera a la variación lingüística

Por: Geraldo Flores Suárez

Desde la infancia, las personas escuchan e interiorizan que hay una sola manera de hablar. Frente a cualquier palabra o enunciado que no suene 'aceptable', muchas personas reaccionan diciendo que esa no es forma de hablar y que se debería decir de otro modo. Por ejemplo, cuando una persona pronuncia: “De María su perro”, se produce una reacción de un grupo de personas que consiste en censurar inmediatamente tal expresión, pues la 'correcta' sería “el perro de María”. En ese sentido, la concepción que hay sobre la corrección en la lengua se debe a razones de distinta índole, entre las que están el prestigio, el poder, los prejuicios, la valoración social de una variedad lingüística sobre las demás, etc. En el presente artículo, se explorará la variación, es decir, se buscará explicar por qué esas modificaciones en los modos de hablar son naturales a la lengua y no son 'desviaciones', ni modos 'incorrectos'. Por otro lado, queda para ser explicado más adelante el porqué hay una valoración social sobre una variedad específica; el presente artículo abordará solo las razones que dan lugar a la variación lingüística.

La variación en las lenguas ocurre en distintos planos e influye en lo que los especialistas denominan “cambio lingüístico”. Ocurre en diversos planos, porque se evidencia, en primer lugar, de manera histórica; es decir, el paso del latín vulgar al romance primitivo y de ahí al español, por ejemplo, evidencia que la lengua varía a través de un largo período de tiempo de manera natural; por esta razón, no decimos, en este momento específico, que el castellano es una manera 'corrupta' de hablar el latín, aunque sí lo pensaron los primeros hablantes del romance que originó el castellano. Si retrocedemos en el tiempo, el protoindeuropeo experimentó las suficientes variaciones para formar todas las subfamilias de lenguas a las que dio lugar, entre ellas la rama latina que dio origen al castellano o la rama germánica que dio origen al alemán o al inglés.

Sin embargo, estas variaciones no son solo rastreables a través de una línea de tiempo, sino que se pueden evidenciar en un punto determinado de ese continuum temporal; en otras palabras, si ubicamos un punto específico del tiempo y lo vinculamos directamente con los modos de hablar una lengua en ese instante, se puede decir que se está describiendo la variación de un modo atemporal, pues no se atiende al proceso de cambio que hubo en las lenguas, sino a la variación que hay dentro de una lengua en un punto en el que no hay un “antes” o un “después”, sino solo un “ahora”. Tal asociación y tal descripción parecen constructos artificiales y, en alguna medida, lo son, pero son útiles porque permiten ordenar ese complejo objeto de estudio que conforma la lengua y caracterizarlo de mejor manera.

Dentro de ese punto estático de la sucesión temporal, se pueden identificar variaciones que se vinculan con tres planos distintos. A continuación, se enunciarán, de manera bastante general, los factores que determinan la configuración de estos tres planos en una lengua específica. Sin embargo, es importante aclarar que estos van a ser explicados con más detalle en los tres siguientes artículos de esta sección. La variación en ese punto del tiempo, a la que los especialistas denominan variación sincrónica, está caracterizada por operar dentro un lugar específico, dentro de grupos sociales pertenecientes a ese lugar y dentro de situaciones en las que influyen los dos planos anteriormente mencionados [1] . En ese sentido, se configuran espacios variacionales en los que se evidencian los distintos modos de una lengua (“estrategias de verbalización”) que utilizan los hablantes de una lengua específica [2] . Cada uno de uno de estos planos configura modos de una lengua que son lo que los lingüistas denominan genéricamente con el nombre de “variedades lingüísticas”.

El factor que determina la variación geográfica, y resulta redundante el decirlo, es el lugar, al cual se le asocia un conjunto de estrategias de verbalización propias de ese sitio. Los factores asociados con la variación social conforman un entramado complejo de criterios que sirven para caracterizar a estos modos de hablar como la clase social, el género, la edad, el grupo profesional u ocupacional, el grupo cultural, etc. Sin embargo, en este punto, es necesario acotar que estos criterios son usados con fines descriptivos y se basan en el conocimiento de los hablantes acerca de estas estrategias; como en todo la ciencia, estos criterios implican un riesgo, pues se puede caer en descripciones estereotipadas de la sociedad; en ese sentido, es necesario establecer entonces que estos criterios parten de las creencias de los hablantes y, por lo tanto, describen valoraciones de estos mismos. Por último, el factor vinculado con la variación situacional es la formalidad o informalidad de una situación comunicativa concreta.

Se ha visto que la variación es algo que está vinculado con la lengua en distintos planos y que no es ajena a ella, o 'no natural', sino que es una característica obligatoria de las lenguas. Al principio de este pequeño artículo quedó suelta la pregunta sobre la existencia de una variedad que los hablantes consideran como la mejor; esta es una pregunta que es sumamente compleja y cuya respuesta va a ser abordada en un conjunto de artículos entre los que se encuentran aquellos que abordarán los distintos tipos de variación lingüística; sin embargo, va a ser necesario hurgar un poco más en la teoría del lenguaje para poder entender a cabalidad la compleja respuesta que apenas se ha comenzado a esbozar en el presente texto.
_____________________________________________
[1] Coseriu, Eugenio (1979) Principios de semántica estructural. (Págs 118-124) Madrid: Gredos
[2] Coseriu, Eugenio (1981) Lecciones de lingüística general. Madrid: Gredos
Cap XI: Lengua funcional

sábado, 20 de octubre de 2007

Colaboraciones

Las opiniones vertidas en los artículos son de propiedad del redactor y no son necesariamente compartidas por el comité editorial.

Quechua Huanca: La historia de don Eliseo
Textos tan conmovedores como este me llenan de entusiasmo y de cierta impotencia:
_________________________________________________________________
Remembranzas[1]

Nací un día veinte del mes de enero de 1930, en el barrio de Qasana del pueblo de Chupaca. Toda mi familia es campesina: todos nosotros trabajábamos en la chacra y pasteábamos vacas. Éramos criados: servíamos a una familia. Pertenecíamos a quienes eran tildados de “indio carajo”. Es que mi padre era peón. Poco a poco, lentamente, mi padre, con la ayuda de mi madre, logró levantarse: se convirtió en propietario de ganado vacuno y de sementeras. Todo ello, por cierto, con el esfuerzo de mis padres, hermanas y hermanos. Al final, mis padres nos dejaron a todos con cierta comodidad.

A veces con pena, y otras con alegría, recuerdo mi infancia. De niño solía jugar con mis amigos en los alrededores de mi casa: cogíamos renacuajos, nos bañábamos en las pozas, nos lanzábamos barro. Tiroteando a los pájaros, agarrando sapos, solía caminar con los camaradas. Descalzos con los pies cuarteados, ensangrentado, a tropezones, andábamos apurados por los cerros, en el río, cogiendo peces, trepando árboles canturreando, guapeando. ¡Qué no habríamos hecho nosotros!

Siguiéndole a mi hermano fui a la escuela de Juan Castro. Cuando tenía ocho años mi padre me matriculó en ella. Allí aprendí a leer y escribir. Entré a la escuela estrenando ropa nueva; caminaba a tropezones con mis zapatos nuevos. Como no hablaba bien el castellano, no podía entender lo que decía el maestro. Por eso no podía aprender, nada quedaba en mi cabeza. Mi maestro solía azotarme, me hacía arrodillar; incluso recibí palmetazos en la mano. Por todas cosas andaba muy avergonzado, al no saber bien el castellano. Sufriendo lo indecible aprendía a hablar esta lengua. ¡He aquí que hasta ahora no consigo pronunciar bien mi castellano!

Luego, una vez salido de la escuela, ya adolescente, me fui a Huánuco con un grupo numeroso de paisanos, al Seminario de San Teodoro. Como yo era el finigénito, mis padres querían que fuese cura. Luego pasé al Seminario de Santo Toribio en Lima. Posteriormente viajé a Arequipa. A los doce años me había ido a Huánuco y egresé de Arequipa. Estudié filosofía y teología; incluso así llegué a ser cura.

Luego regresé a mi tierra. Toda mi familia estaba profundamente apenada por haberme retirado del Seminario. Como dije, ellos querían que fuera sacerdote. Por eso, recordando los sufrimientos de mis padres, hasta ahora lloro.

Cuando tenía veintisiete años ingresé a la Universidad Católica. Allí me formé para profesor. Estudié cincos años y me recibí de docente. Ya cuando estaba maduro pensé en casarme. Había conocido muchachas tanto en Huancayo como en Lima, pero no habían sido para mí. En eso me carteaba con una muchacha brasileña por espacio de cuatro años. Y luego, yendo a su país, nos vimos en persona. Después vino ella a Lima, para que nos casáramos. ¡Sin pensar me casé con una brasileña!

Ya casado, proseguí mis estudios por dos años más para doctorarme. Me doctoré en pedagogía y filosofía. Toda mi familia me ayudó cuando estuve en el Seminario. Incluso cuando estudié en la Universidad recibí la ayuda de ellos, pero entonces los gastos no eran tan altos.

Luego de titularme como profesor, trabajé en escuelas y colegios, tanto diurnos como nocturnos, de manera que pudiera mantener a mi mujer y mis hijos. Después enseñé también en la Universidad Católica por espacio de trece años. Ahora trabajo en la Universidad Femenina; actualmente soy decano de su Facultad de Traducción.

Mis padres fueron también chupaquinos. Ya se murieron. Mi padre hablaba quechua y castellano también. Mi madre, por el contrario, sólo hablaba quechua. ¡Ella era una excelente mujer, muy hacendosa! Ambos eran pobres. Me acuerdo de cuando ahorraban dinero; no me olvido de sus padecimientos. ¡Seguramente podría escribir un libro, acerca de sus sacrificios! Ahora, todos nosotros (los hijos) tenemos siquiera algo. Y es que mi padre nos enseñó a hacer bien las cosas. Con el trabajo esmerado siempre es posible conseguirlo todo. Mis padres solían odiar a muerte a los ladrones, ociosos y mentirosos.

La gente del valle era muy laboriosa, y solía expresarse estupendamente en nuestro quechua. Ahora ya no es así. Ahora se avergüenzan de ser campesinos, de hablar quechua. Incluso quisieran desconocer a sus padres. ¡De dónde les vendrá esa maldita vergüenza! Los mozos y las mozas ya no quieren hablar el quechua; todos se avergüenzan de él: dicen que es el “habla de los indios”. Para ser gente -dicen- deberíamos hablar castellano, inglés o cualquier otra lengua. ¡Sólo así somos gente!, dicen. De igual manera ya no gustan de nuestra comida tradicional, de nuestras canciones, bailes y de todo aquello que forma parte de nuestra cultura. Ya no vemos ni el poncho, ni el cotón ni las ojotas. Hay quienes ni siquiera quieren llevar el apellido de sus padres. ¡Seguramente tienen la cabeza curada!

Por todo ello, mis queridos compoblanos, yo quisiera pedirles lo siguiente: estudien lo que fuere, vayan donde quieran, sean lo que sean, pero no olvidemos a nuestros padres ni reneguemos de su lengua. No despreciemos nuestro pueblo ni echemos a perder su cultura ni las enseñanzas de nuestros padres. Que prevalezcan la lengua y cultura de nuestros pueblos. Los que tenemos preparación no debemos permanecer como espectadores asistiendo a la extinción de nuestro legado cultural. Seamos como los quinguales, como los quíshuares, siempre erguidos ante la tormenta. Después de todo, los huancas son temerarios; no conocen el amedrentamiento.
_____________________________________________________________________________

Tomar las armas

Este es el testimonio del Dr. Eliseo Salvatierra Jiménez, colaborador en el taller de Trabajo de Campo dictado por Rodolfo Cerrón-Palomino. Yo asisto a este taller y lo disfruto mucho. Al momento de leer este texto, apenas había conversado con el señor Eliseo un par de veces. Sólo supe que era un texto escrito por él cuando lo terminé, cuando mi corazón latía fuerte y mi mirada se perdía debido a una nostalgia ajena. Acababa de leer uno de los testimonios más sinceros y conmovedores de un hablante de quechua.

En la clase de aquel día, no podía dejar de tener la impresión de que don Eliseo encarnaba el derrotero vital de una lengua en desventaja: él se confundía muchas veces al elegir ciertas palabras; uno tenía que hablarle de manera pausada y en voz alta; olvidaba detalles sobre el significado de los términos y colocaba en su lugar otros ajenos al dialecto estudiado. Don Eliseo se sentía presionado por darnos la mejor información posible, respondía a nuestras dudas y nos decía si habíamos pronunciado correctamente las oraciones. Luchaba contra sí mismo, contra su memoria. Se ponía la mano en las sienes y, cuando se daba por vencido, decía resignadamente: ‘no me acuerdo’.

No digo aquí que el señor Eliseo sea una metáfora del desarrollo del quechua huanca. Pero tampoco puedo obviar que una lengua la constituyen sus hablantes. Muchas veces entro a clases pensando si lo que hacen los académicos no favorece una actitud fetichista hacia cualquier idioma, una actitud de ‘lenguas sí, hablantes no’ de la que hablaba Virginia Zavala. ¿Acaso no es más acuciante en nuestro país salvar las diferencias socioeconómicas antes que los problemas de corte lingüístico? No quiero quitar mérito al trabajo de los lingüistas (o el de los prospectos de lingüistas como yo), pero no se puede consentir creer que la lengua vale por sí misma.

La lengua es una herramienta cultural, de poder, de comunicación, de expresión artística, una puerta al funcionamiento de la mente, un medidor de nuestra situación histórica, política y social. Mi opinión puede sonar contradictoria viniendo de quien viene. Pero es mi opinión, no necesariamente la del resto. Veo al señor Eliseo y siento que su heroica postura con respecto al quechua es admirable. Pero no puede desligarse de la situación de paria en la que viven sus hablantes. Veo al señor Eliseo y siento que él nos incita a pensar en la situación del indígena y no tanto en su idioma.

Un lingüista no debe olvidar que su trabajo es un punto de partida hacia algo más grande. Lo digo porque siento cierto narcisismo en el regodeo intelectual de algunos humanistas. ¿De qué vale tener una impecable gramática ‘de salón’ si es que no se aplica para situaciones reales? ¿Podemos ser neutrales políticamente en un país donde se ampara la desaparición de las lenguas? ¿Qué espera el país de nosotros? ¿Un conocimiento infértil o uno que sea el motor de cambios sociales a gran escala?

El lingüista, como todo humanista, no puede ignorar estas preguntas, ya que los recursos que se emplean en la educación de una élite intelectual deben ser restituidos en cierta medida por el trabajo de sus nuevos miembros. Aquí no hablo de restitución ‘en metálico’, sino de ‘capital humano’. Uno no se sirve de la Ciencia bajo las ‘leyes del supermercado’, tomar lo que quiera, pagarlo e ir a casa. No lo creo. Uno se aproxima a la Ciencia para comprenderla y hacerla mejor. Este esfuerzo acumulativo y reflexivo es una de sus características más singulares. De esa misma forma, el lingüista debe acercarse a la Lingüística para hacerla mejor y, simultáneamente, hacer mejor a la comunidad de hombres para la que trabaja.

Estas palabras pueden sonar muy idealistas, pero es la forma como se manejan las cosas en los medios académicos. No empezaron a existir en el momento en que las dije. Estas ideas siempre estuvieron allí. El gran problema radica en internalizar el peso de esta enorme responsabilidad en los jóvenes. ¿Cómo luchar contra toda una corriente liberal de pensamiento que deja a las humanidades en un sitio accesorio? ¿Cómo hacer para dejar de pensar en términos económicos asuntos que son de corte humanista?

Tal vez, es una de las preguntas más difíciles de responder. Una vez resuelto este desfase podremos hacer de nuestras herramientas de trabajo auténticas armas de batalla.
[2]
_____________________________________________________________
[1] Cerrón-Palomino, Rodolfo. Lengua y sociedad en el valle del Mantaro. IEP. Lima. 1989. Pag. 128-130.

[2] Textos publicados inicialmente en el blog GALLETATUERTA en los siguientes links:


lunes, 15 de octubre de 2007

BLOG ACTION DAY

Las opiniones vertidas en los artículos son de propiedad del redactor y no son necesariamente compartidas por el comité editorial.


Sobre el análisis crítico del discurso, ideologías y un conflicto socioambiental
Por: Geraldo Flores

Cuando leí por primera vez la página del Blog Action Day, pensé inmediatamente en cómo conectar un tema como el medio ambiente con la Lingüística; la vinculación no fue sencilla, ya que ambos campos abarcan aspectos bastante disímiles de la realidad; sin embargo, por una coincidencia, estoy escribiendo un pequeño trabajo sobre el conflicto socio-ambiental que se dio en la ciudad de La Oroya entre los años 2004-2006 (y que acusa sus efectos hasta el día de hoy). En el Perú, en los últimos años, se han originado conflictos en algunos lugares donde hay minas o centros metalúrgicos. Dichos conflictos han originado posicionamientos ideológicos sobre si se debe preferir la actividad minera y sus réditos económicos para las empresas y para la población dependiente de ellas o, en todo caso, se debe velar por la preservación del medio ambiente.

En el caso de La Oroya, estos posicionamientos crearon un clima de tensión y la población, en general, tenía la perspectiva de que ambos temas eran irreconciliables, pues si se prefería la conservación ambiental, se podría haber visto afectada la actividad metalúrgica y, con ella, la economía del lugar. Por otro lado, ustedes se preguntarán ¿qué relación puede tener un conflicto como este y el tema del blog? La respuesta es que para abordar las ideologías que se encuentran en aquello que ha sido afirmado por los actores sociales en esta ciudad se hace necesario usar un método que se denomina análisis crítico del discurso, ya que el discurso es visto, dentro de este tipo de enfoque, como el conjunto de creencias y valoraciones sociales que se evidencian mediante un conjunto concreto de enunciados. Teun van Dijk, propulsor de esta manera de abordar el discurso, afirma lo siguiente respecto a este modelo de investigación: «Considero que es mucho más importante analizar problemas, como el racismo, la desigualdad, el gobierno y la autoridad, las ideologías; problemas que pueden parecer muy pragmáticos pero que son igualmente teóricos. Ahora bien, el objetivo central del Análisis Crítico del Discurso es saber cómo el discurso contribuye a la reproducción de la desigualdad y la injusticia social determinando quiénes tienen acceso a estructuras discursivas y de comunicación aceptables y legitimadas por la sociedad.»[1] El ACD, entonces, está inserto dentro del campo de la sociolingüística y tiene especial relevancia en los procesos sociales en los que estamos inmersos.

A la vez, es necesario encontrar discursos que se puedan abordar de esta manera; en ese sentido, el trabajo al que aludí líneas atrás se basa en un conjunto de volantes que expresan determinadas valoraciones y posiciones conflictivas respecto de las ONG ambientalistas. Por ejemplo, uno de esos volantes afirma lo siguiente: «En consecuencia todos los trabajadores y nuestros familiares rechazamos a los enemigos de la clase trabajadora que a lo largo y ancho de nuestro país se han afincado con el pretexto ambiental.»[2] Se puede notar haciendo un análisis de este pequeño fragmento una postura ideológica que genera un enfrentamiento social, pues se ve a todos aquellos que velen por el ambiente como una suerte de ‘enemigos’. Este volante fue publicado a nombre del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos de La Oroya (STMO) y, de esta manera, es posible observar como se hace una defensa del centro de labores. Tan fuerte es este deseo de conservar el estatus laboral que se subordina el tema ambiental y se presenta como irreconciliable o no concordante con el rédito económico. Esta imagen de las ONG y del arzobispo Pedro Barreto (quien logró que se hiciera un estudio de niveles de plomo en la población de esta ciudad) se extendió por todos aquellos que vieron amenazada sus condiciones laborales, salariales o comerciales. Tanto así que se generaron situaciones de violencia en contra de todos aquellos que estaban vinculados con organizaciones ambientales (Diario La República, 20 de febrero de 2006)[3]. Se nota, entonces, una ideología que está determinando una presión de la población sobre estas organizaciones para que no afecten el medio de sustento de la población. La asignación de la categoría de “irreconciliable” genera que los habitantes de la ciudad se posicionan en contra de uno de los actores sociales y favorezcan al otro, en este caso, la empresa.

De este modo, se puede hacer notar que la relevancia de una metodología de la Lingüística se hace necesaria si se pretende mostrar un estado de conflicto y se quiere proponer soluciones para este tipo de enfrentamientos. Una de ellas sería crear y velar por la vigencia de una mesa de diálogo para generar una comunicación eficiente entre la empresa Doe Run (que es la empresa que tiene sus instalaciones en esta ciudad) y las ONG; por otro lado, también se debe generar los mecanismos adecuados para una comunicación eficiente entre las ONG y los demás actores sociales de La Oroya. Para lograr este objetivo, la intervención de especialistas de distintos campos como el Derecho, la Comunicación para el Desarrollo, la Sociología, la Lingüística, etc. permitirá una caracterización más detallada del problema; asimismo, se podrá, mediante proyectos de desarrollo humano, lograr el beneficio de una situación no conflictiva en una sociedad donde tal situación se hace evidente mediante el discurso de sus actores sociales.
_____________________________________________________
[1] van Dijk, Teun. Análisis Crítico del Discurso – Discurso, poder y cognición social. Cátedra UNESCO, 13 de enero de 1994
http://www.geocities.com/estudiscurso/vandijk_acd.html
[2] Comunicado Nro. 3 (2005) STMO
[3] Diario "La República" 20 de febrero de 2006

sábado, 13 de octubre de 2007

Sobre la práctica letrada y sus efectos

Las opiniones vertidas en los artículos son de propiedad del redactor y no son necesariamente compartidas por el comité editorial.
Por: Geraldo Flores

Hace algunas semanas, Coco Acurio, en su artículo, “Verdades y disparates”, se refería a la falta de contextos letrados para la traducción de la ley de lenguas como un argumento para afirmar que esto constituía un gasto innecesario. Expreso mi acuerdo con tal afirmación y, en el presente artículo, me centraré en las razones por las que este tipo de práctica resultaría tan importante como requisito para realizar dicha traducción.

La práctica letrada consiste en el conjunto de convenciones que comparten los integrantes del conjunto social sobre la funcionalidad de un elemento letrado dentro de la sociedad; este concepto involucra un conjunto de creencias, valoraciones y actitudes que determinan que la práctica letrada esté conformada por distintas prácticas sociales. Por ejemplo, el valor que tiene un libro como vehículo de conocimiento e “iluminador” de las mentes constituye una manera de posicionarse frente al libro, ya que, de esta manera, se está evidenciando lo que el libro representa y no lo que es. Por otro lado, el entorno en el que se da esta práctica se denomina justamente contexto letrado (Vich y Zavala 2004)[1]
.

La referencia a la ausencia de contextos se da porque los hablantes de las lenguas originarias, de manera externa, son obligados a adoptar las costumbres foráneas si quieren sobresalir en esa sociedad; una de esas costumbres justamente es la práctica letrada. En el caso de nuestro país, es claro que esta se da en la lengua castellana, ya que es la lengua oficial de todo el territorio nacional, es la lengua con mayor tradición escritural y es la lengua dominante. En sus comunidades, la lengua amerindia tiene una función mas bien íntima y familiar, y sirve para establecer una interacción más vinculante entre los integrantes de dicho grupo (en otras palabras, esta tiene funciones específicas). En cambio, el castellano tiene una función oficial y formal; representa el nexo con la sociedad peruana en general (tanto así que la pérdida de la lengua se da porque se le va asignando todas las funciones a la lengua dominante, en este caso, el castellano). En ese sentido, la comunidad siente que debe aprender la lengua dominante y debe manejar la escritura que la representa para defenderse de los demás, tal como lo afirma Virginia Zavala sobre la comunidad de Umaca (Apurímac) (Zavala 2002)
[2]. En otros casos, la práctica letrada ha adquirido funcionalidad dentro de las comunidades, pero siempre están asociadas con las valoraciones sobre lo escrito de la sociedad en general. Esto sucede, por ejemplo, en la provincia de Azángaro (Salomon 2004)[3] y Urpipata (De la Piedra 2004)
[4]. La influencia valorativa de lo letrado se da mediante un proceso histórico y se asigna un determinado rol a la representación gráfica por las oportunidades y beneficios que representa.

Sin embargo, los casos en los que esta funcionalidad forma parte de la vida de la comunidad son escasos; son más los casos en los que lo letrado representa una forma de conseguir acceso a oportunidades en la sociedad que exige el dominio de la escritura. En ese sentido, hay una relación de poder entre ambos grupos, pues la práctica letrada posiciona en la sociedad de mejor manera a los grupos que están insertos dentro de la práctica letrada (es decir, le da mayor estatus), mientras que el grupo que no ha tenido acceso a tal práctica resulta relegado y marginado. Un ejemplo de ello es el siguiente fragmento “A sus 103 años, Antonia Paz viuda de Melgar aprendió a leer y a escribir su nombre. […] Esta agradable anciana que vive en el distrito de Villa Hermosa de Majes, en la provincia arequipeña de Caylloma, es todo un ejemplo de perseverancia y deseo de superación, ya que a su edad decidió participar en el Programa Nacional de Movilización por la Alfabetización (Pronama), y con ello salir del mundo de la ignorancia en la que estuvo sumergida por más de un siglo.” (Carlos Zanabria, El Comercio, lunes 10 de setiembre)
[5] Posicionar a alguien en el “mundo de la ignorancia”, por no manejar la escritura da cuenta de la valoración que se hace del manejo de esta herramienta; en este caso, no se toma en cuenta que probablemente la señora Antonia Paz cuenta con conocimiento que, si bien no ha sido formalizado en la escuela, se evidencia por la experiencia de vida que tiene.

Como hemos visto, la funcionalidad de lo letrado se da, en la mayoría de los casos, en la lengua dominante, es decir, el castellano. En ese sentido, es muy poca o casi nula en las lenguas originarias del país, a pesar de los esfuerzos que se han hecho, ya que la representación escritural de estas lenguas ha atravesado diversos problemas desde los conflictos por el alfabeto que se debe usar, la falta de esfuerzos para hacer uso de esos alfabetos en textos, la poca relevancia que tienen, para los hablantes, los textos en estas lenguas (ya que dichas lenguas son utilizadas en ámbitos íntimos donde no se hace necesaria la escritura) hasta la obligación que tienen estos hablantes de manejar la lengua dominante y su representación (lo cual le resta importancia cualquier esfuerzo que se pueda hacer para elaborar textos en lengua indígena).

De este modo, resulta evidente que si esas comunidades no tienen una práctica letrada en su lengua, resultaría inadecuado hacer una traducción que probablemente no se leería; por esta razón, adquiere relevancia la recomendación de Coco Acurio de que estos hablantes tienen que conocer sus derechos, pero que deben acceder a ellos mediante campañas de difusión de otra índole, pues, de lo contrario, no se lograría que ellos accedan a lo que la ley especificaría.
____________________________________________________________________
[1] VICH, Víctor y ZAVALA, Virginia. Oralidad y poder. Herramientas metodológicas. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2004.
[2] ZAVALA, Virginia. Desencuentros con la escritura. Escuela y comunidad en los Andes peruanos. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2002.
[3] SALOMON, Frank. Literacidades vernáculas en la provincia altiplánica de Azángaro. En: Ames, Patricia; Niño-Murcia, Mercedes; y Zavala, Virginia: Escritura y sociedad. Nuevas perspectivas teóricas y etnográficas. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2004. pp. 317-345
[4] DE LA PIEDRA, María Teresa. Oralidad y escritura: el rol de los intermediarios de literacidad en una comunidad quechua-hablante de los Andes peruanos. En: Ames, Patricia; Niño-Murcia, Mercedes; y Zavala, Virginia: Escritura y sociedad. Nuevas perspectivas teóricas y etnográficas. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2004. pp. 367-388
[5] Diario El Comercio (lunes 10 de setiembre)
http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-09-07/peru0781243.html

domingo, 30 de septiembre de 2007

Colaboraciones

Las opiniones vertidas en los artículos son de propiedad del redactor y no son necesariamente compartidas por el comité editorial.

Lenguas sí, hablantes no
Apunte sobre la discriminación lingüística

Por: Virginia Zavala
Profesora de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

El lamentable incidente entre la Dra. Martha Hildebrandt y la congresista María Sumire obliga a que algunos lingüistas nos pronunciemos. En primer lugar, habría que decir que la Dra. Hildebrandt construye su autoridad desde su identidad como lingüista y ha venido fomentando una idea de la lingüística como una disciplina homogénea, sin debates internos y, lo que es peor, como algo análogo a la pura normativa. "Si hay algún otro lingüista, con él podría discutir", afirmó. Yo, como lingüista, me permito entonces comentar lo acontecido.

El incidente ocurrió a partir del proyecto de ley 221, que propone publicar, en los diferentes idiomas oficiales, las normas legales que tengan relación con los pueblos originarios del país. Esto en el marco de una serie de leyes a favor de los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas. Según la Dra. Hildebrandt, aquello es caer "en la demagogia", pues estos dictámenes no tendrían ningún efecto práctico en una realidad donde el castellano es sustancialmente hegemónico. En parte, no le falta razón. Por un lado, sabemos que las personas que hablan lenguas vernáculas no necesariamente leen en ellas y, menos aún, están adiestradas para manejar un tipo de discurso de corte legal. Por otro lado, la vitalidad de las lenguas indígenas no se asegura escribiendo documentos oficiales -ni dictaminando su protección y conservación como si éstas fueran artefactos arqueológicos- sino promoviendo el uso (no solo escrito) de las mismas en diferentes espacios. Si se quiere que la población conozca mejor sus derechos, creo que en este momento hay otros medios más eficaces para hacerlo.

¿No sería más útil, por ejemplo, que los peruanos participáramos en un proceso judicial o nos atendiéramos en una posta de salud en el idioma en que mejor nos expresamos? Claro que esto significaría pensar en políticas de aprendizaje de las lenguas por parte de futuros profesionales. En todo caso, lo que quiero decir es que no basta con que algunos congresistas declaren que "hay que evitar la extinción de nuestras lenguas", sino que es para ello fundamental explicitar qué implica oficializar las lenguas vernáculas y cómo y por qué queremos hacerlo. Pero más allá de discutir el contenido de estas leyes (lo cual ameritaría mucho espacio) quiero centrarme en otro punto. Como lingüista, la Dra. Hildebrandt recordó que "respeta todas las lenguas" y que "defiende nuestras lenguas aborígenes", pero parece hacerlo obviando a sus hablantes. La historia de muchas comunidades lingüísticas marginadas nos enseña que para transformarlas hay que transformar el estatus de sus hablantes. Y pienso que el problema radica allí: un discurso abstracto que afirma que se respetan las lenguas y, al mismo tiempo, se muestra un profundo desprecio por sus hablantes. Esta es la contradicción de la Dra. Hildebrandt. La historiadora Cecilia Méndez lo ha dicho muy bien: la ideología criolla se construyó bajo el discurso de "Incas sí, indios no".

En su interacción con la congresista Sumire, la Dra. Hildebrandt mostró una actitud racista. Hoy sabemos que el racismo es un mecanismo de dominación de un grupo sobre otro que no solo se basa en diferencias del color de la piel, sino también en la fantasiosa distancia imaginada sobre la etnicidad, la apariencia, el origen, la cultura y el lenguaje. Por eso, despreciar a alguien porque utiliza una variedad del castellano diferente a la estándar (o porque dice "haiga" en lugar de "haya") también se puede considerar racista. Cuando la Dra. Hildebrandt presenta una división entre ciudadanos "mejores" y "peores" sobre la base de una supuesta capacidad intelectual ("Imagínese, yo he sido subdirectora general no del Perú sino de la UNESCO y ella me va a enseñar educación, no pues"), reproduce la forma en que el racismo peruano se ha articulado con las categorías de clase, cultura y educación. Esta actitud no solo saca a la luz una estrechísima visión del fenómeno educativo y de los siempre heterogéneos campos culturales, sino que revela además un conjunto de clásicas estrategias de poder que excluyen a un amplio sector de la población para beneficiar a una elite minoritaria y siempre letrada. Lo que se reproduce es esta idea de que los indios son los "otros" y los profesores somos el saber.¿Cómo puede respetar las lenguas indígenas si piensa que las personas que las hablan no están en capacidad de pensar, opinar y decidir con validez sobre el país? ¿Cómo se puede construir democracia si la opinión del otro no es tomada en cuenta y ni siquiera puede participar?

Si, como académica, la Dra. Hildebrandt estuviera al tanto de la matriz colonial de la subalternización lingüística y epistémica del mundo contemporáneo, podría darse cuenta de que el único conocimiento legítimo no es el académico y que estar situado al margen de la elite letrada no implica ser inferior. Además, como lingüista, debería reconocer que las maneras en que usamos el lenguaje contribuyen a la reproducción de estereotipos. La forma en que la Dra. Hildebrandt interrumpió a la congresista Sumire, su uso de frases despectivas como "niñas quechuahablantes" o "gente que no tiene la capacidad intelectual" y la actitud despótica y autoritaria, manifiesta en su propio tono de voz, nos recuerdan que somos un país incapaz de imaginarse como comunidad, como espacio de relaciones igualitarias.

Es preocupante que las leyes y la clase política comiencen a asumir la máscara del multiculturalismo decorativo que, en el fondo, funciona como un dispositivo de dominación porque no cuestiona la desigualdad económica. Sería bueno que a la Dra. Hildebrandt le haya molestado esta celebración declarativa de la diversidad que es inocente y que no parece repercutir en cambios sociales verdaderos. Sin embargo, su discurso y su práctica no revelan una real preocupación por estos cambios en los pueblos indígenas. Al decir con desprecio que nadie sabe lo que es el idioma piro o que hay lenguas en extinción de 500 hablantes "perdidos por ahí", la Dra Hildebrandt mostró una falta de perspectiva frente a los procesos históricos de racialización de las lenguas en el Perú. Y lo ha hecho ofendiendo a muchos compatriotas, a muchos ciudadanos legalmente iguales a ella.

A diferencia de la Dra. Hildebrandt, muchísimos lingüistas, actualmente profesores o activistas, asumimos el lenguaje como una práctica social que no puede desligarse de las luchas de poder entre sus hablantes. Al decir de la lingüista Deborah Cameron, cuando escuchamos a las personas discutir sobre el lenguaje es urgente sospechar que, en realidad, tal discusión está revelando serios conflictos de otro tipo: tensiones y discriminaciones raciales, culturales, de clase o de género. Y es que usualmente a las polémicas acaloradas sobre el lenguaje subyacen argumentos sobre temas que la gente no quiere asumir de forma más directa. Por eso, aunque la Dra. Hildebrandt afirme que sus argumentos se basan en su expertise lingüístico, está muy claro que lo que sucedió el otro día en el Congreso no fue un asunto propiamente lingüístico.


Originalmente publicado en: El Dominical, El Comercio, 23 de septiembre del 2007, p.6. http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-09-20/imecdominical0787778.html

jueves, 13 de septiembre de 2007

Colaboraciones

Las opiniones vertidas en los artículos son de propiedad del redactor y no son necesariamente compartidos por el comité editorial.

Haz clic aquí para seguir apoyando el Pronunciamiento.

VERDADES Y DISPARATES
Por: Coco Acurio

El trabajo lingüístico supone, entre otras cosas, notable sentido crítico. Es a esta capacidad a la que apelo para que podamos discurrir con claridad y prudencia en el escandalete protagonizado por Martha Hildebrandt y María Sumire, ambas madres de la Patria.

Lo primero es reflexionar con atención y sentido común sobre lo ocurrido con Martha Hildebrandt. A la mejor manera pragmática, es necesario distinguir la actitud e intención del hablante de lo dicho o lo enunciado. Respecto de su actitud no hay nada más que abominar. En repetidas ocasiones, doña Martha ha dado evidentes, explícitas y altisonantes muestras de autoritarismo, intolerancia y, por supuesto, discrimen no solo contra los hablantes de lenguas nativas, sino también contra hablantes del mismo castellano que, según ella, no se encuentran a su altura intelectual, o seguramente no pertenecen a su laya socioeconómica. Este tipo de actitudes y comportamientos son absolutamente reprobables, y son ante los que debemos protestar vengan de donde vengan.

Como buenos analistas, no nos podemos quedar únicamente en el ámbito de la intención. Tenemos que procesar el contenido proposicional, es decir, lo dicho por la lingüista. Hildebrandt dijo que la ley para la preservación, uso y difusión de las lenguas originarias no sirve para nada porque iba a ser imposible que todas las lenguas fuesen oficiales. Además reiteró que la propuesta de traducir todo este marco legal a las lenguas originarias sería un gasto innecesario.

Lo primero revela si no la ignorancia del marco legal de protección de las lenguas indígenas, cuanto menos la conocida actitud impositiva y dogmática de Martha Hildebrandt. La Constitución señala en su artículo 48: “Son idiomas oficiales el castellano y, en las zonas donde predominen, también lo son el quechua, el aimara y las demás lenguas aborígenes, según la ley.” En ese sentido, todas las lenguas originarias del Perú son oficiales, y por más pataletas que sufra la lingüista, debe respetar la mencionada oficialidad. Asimismo la defensa, la preservación y la difusión de las lenguas originarias se encuentran refrendadas en una serie de documentos y convenios internacionales de los cuales el Perú es firmante, como el Convenio 169 de la OIT o la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos.[1]

Sin embargo, respecto de lo segundo, apelando certeramente al sentido crítico antes invocado, manifiesto mi acuerdo con Martha Hildebrandt. Traducir todo este marco legal, tanto nacional como internacional, a las lenguas originarias, no pasa de ser un proyecto personal, en el sentido de que no es representativo de los intereses y necesidades de las naciones indígenas. Además de convertirse en un gasto fatuo de una parte del presupuesto que bien podría servir para cubrir aspectos más urgentes vinculados con la cuestión bilingüe como la educación. Pienso que es necesario que el marco legal de protección de las lenguas originarias sea conocido y difundido entre sus directamente involucrados, mas coincido con Hildebrandt en considerar que el medio no es el adecuado, por la razón de que estas lenguas no tienen contextos letrados en los cuales pueda ser viable la difusión escrita de estos documentos, producto de la traducción planteada por María Sumire. Mejor harían estas congresistas, autoproclamadas como las voceras de sus etnias, en invertir el dinero destinado a las vanas traducciones, en ir a cada una de las mencionadas comunidades siguiendo un plan de difusión más práctico, que sea parte de un proyecto mayor, inclusivo y participativo, en el que los hablantes no sean meros receptores de leyes incomprensibles sino que tengan voz, atención y deliberación.

Efectivamente las leyes no sirven para nada si es que no resuelven los problemas y las carencias de aquello a quienes van dirigidas; las leyes no sirven para nada si se gastan insulsamente cuantiosos presupuestos; pero tampoco sirven para nada si los políticos no tienen una decencia mínima en considerar que su propio país está conformado por varios países, varias naciones, varias culturas y, claro está, por varias lenguas.


Felicito la concepción de este blog, ya que siempre es grato que exista un espacio de discusión, libre opinión, descubrimiento, investigación, contacto, difusión, etc., que parta de la iniciativa de los propios estudiantes.

[1] Adjunto hacia el final extractos de los documentos mencionados.

_____________________________________________________________

Anexos
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL PERÚ
TITULO II
DEL ESTADO Y LA NACION
CAPITULO I
DEL ESTADO, LA NACION Y EL TERRITORIO
Artículo 48º
Son idiomas oficiales el castellano y, en las zonas donde predominen, también lo son el quechua, el aimara y las demás lenguas aborígenes, según la ley.
Convenio (N. 169) sobre pueblos indígenas y tribales en países independientesAdoptado el 27 de junio de 1989 por la Conferencia General de laOrganización Internacional del Trabajo en su septuagésima sexta reuniónEntrada en vigor: 5 de septiembre de 1991, de conformidad con el artículo 38Artículo 21. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad de desarrollar, con la participación de los pueblos interesados, una acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de esos pueblos y a garantizar el respeto de su integridad.2. Esta acción deberá incluir medidas:a) que aseguren a los miembros de dichos pueblos gozar, en pie de igualdad, de los derechos y oportunidades que la legislación nacional otorga a los demás miembros de la población;b) que promuevan la plena efectividad de los derechos sociales, económicos y culturales de esos pueblos, respetando su identidad social y cultural, sus costumbres y tradiciones, y sus instituciones;c) que ayuden a los miembros de los pueblos interesados a eliminar las diferencias socioeconómicas que puedan existir entre los miembros indígenas y los demás miembros de la comunidad nacional, de una manera compatible con sus aspiraciones y formas de vida.Artículo 281. Siempre que sea viable, deberá enseñarse a los niños de los pueblos interesados a leer y a escribir en su propia lengua indígena o en la lengua que más comúnmente se hable en el grupo a que pertenezcan. Cuando ello no sea viable, las autoridades competentes deberán celebrar consultas con esos pueblos con miras a la adopción de medidas que permitan alcanzar este objetivo.2. Deberán tomarse medidas adecuadas para asegurar que esos pueblos tengan la oportunidad de llegar a dominar la lengua nacional o una de las lenguas oficiales del país.3. Deberán adoptarse disposiciones para preservar las lenguas indígenas de los pueblos interesados y promover el desarrollo y la práctica de las mismas.

DECLARACION UNIVERSAL DE DERECHOS LINGÜISTICOS PRELIMINARESCONFERENCIA MUNDIAL DE DERECHOS LINGÜISTICOSBARCELONA, ESPAÑA, 6-9 DE JUNIO DE 1996
Artículo 31.
Esta Declaración considera como derechos personales inalienables, ejercibles en cualquier situación, los siguientes:· el derecho a ser reconocido como miembro de una comunidad lingüística;· el derecho al uso de la lengua en privado y en público;· el derecho al uso del propio nombre;· el derecho a relacionarse y asociarse con otros miembros de la comunidad lingüística de origen;· el derecho a mantener y desarrollar la propia cultura;y el resto de derechos de contenido lingüístico reconocidos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 16 de diciembre de 1966 y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la misma fecha.2. Esta Declaración considera que los derechos colectivos de los grupos lingüísticos, además de los establecidos por sus miembros en el apartado anterior, también pueden incluir, de acuerdo con las puntualizaciones del Artículo 2.2:· el derecho a la enseñanza de la propia lengua y cultura;· el derecho a disponer de servicios culturales;· el derecho a una presencia equitativa de la lengua y la cultura del grupo en los medios de comunicación;· el derecho a ser atendidos en su lengua en los organismos oficiales y las relaciones socioeconómicas.