miércoles, 19 de septiembre de 2007

Editorial

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Estimados amigos:

Una vez más agradecemos que hayan suscrito el Pronunciamiento y esperamos que nos sigan visitando para que nos puedan brindar su opinión respecto de los diversos temas que vamos a poner “sobre el tapete” de ahora en adelante. Luego de haber presentado nuestra protesta sobre las declaraciones de la Dra. Martha Hildebrandt, es necesario decir que urge un análisis del proyecto de ley que fue el motivo de la disputa ocurrida el 6 de setiembre. Queremos decirles, por tanto, que esa es una deuda que nos tocará saldar en el transcurso de las siguientes semanas, ya que, en esta ocasión, retomaremos un tema que dejamos pendiente días atrás: la variación en las lenguas.

Este es un tema que genera controversias, pues es posible escuchar frases del tipo: “la lengua se está malogrando”, “los jóvenes no saben hablar”. “yo no hablo bien, pero hay gente que sí”. En primer lugar, esta idea está sostenida por la existencia de un grupo que cree tener la prerrogativa de imponer un modo de habla “ideal” a las demás personas; este grupo de personas, en ese sentido, están en una relación de poder con las demás, pues creen manejar una manera de hablar que no solo valoran ellos, sino los que están alrededor de este grupo social. Sin embargo, si uno escucha con atención el habla de las personas que creen esto, puede notar que no mantienen el mismo modo de decir las cosas siempre; no hablan de la misma forma cuando están en un “tono” con sus amigos, cuando están en una entrevista de trabajo o cuando están en la sobremesa del almuerzo; de la misma forma, las personas del grupo que piensa que habla “mal” también hablan distinto en las distintos contextos en los que les toca interactuar con otros hablantes; eso nos permite concluir que existe una variación en el lenguaje que depende de la situación comunicativa concreta.

Del mismo modo, la idea de variación se articula también sobre la base de rasgos sociales en el modo de hablar. Dichas características tienden a caracterizarse mediante su vinculación con grupos sociales específicos; es decir, si el hablante dice: “pisa pisa, vamos plancha”, entonces, cualquiera de nosotros podría decir que se trata de un cobrador de “combi” que está realizando su labor diaria y que le está diciendo al chofer que avance nomás porque el carro está lleno. De la misma forma, si alguien dice “ta chévere el lompa, pero la mica pasa piola nomás” lo más probable es que todos nosotros asumamos que se trata de una persona joven y de género masculino que está evaluando dos prendas, y que afirma que una de ellas le ha gustado y la otra más o menos; ambos ejercicios no dejan de ser una caracterización hecha mediante la intuición, ya que podemos presuponer quienes lo dijeron, pero no podemos afirmarlo del todo. A pesar de tal inconveniente, es posible decir que, en la calle, en algún momento, hemos escuchado frases de ese tipo y, al poder asociarlas con un grupo particular, podemos, a la vez, afirmar que la lengua varía de un grupo social a otro; los factores que constituyen criterios para separar estos grupos son varios, tales como la clase social, la edad, el género, la ocupación, etc. Se puede concluir, entonces, que esta variación depende del grupo social en el que se puede ubicar a un individuo, lo cual, como ya se ha visto, resulta un poco arbitrario, porque un individuo puede conocer muchos modos de hablar, pero resulta útil para caracterizar el modo de decir las cosas de un conjunto de individuos que comparten rasgos sociales específicos.

Por otro lado, los hablantes han adquirido su lengua en un lugar concreto dentro de un grupo cultural inserto en ese espacio territorial. De ese modo, se puede explicar por qué el castellano de Lima no es similar al castellano de Buenos Aires o el castellano de Ciudad de México, ya que el grupo cultural que habita estos territorios presenta rasgos comunes en distintos ámbitos; la lengua, de esta manera, no puede estar ajena a estas características compartidas y se configurará por estas. El lugar determina, entonces, otro tipo de variación dentro de una lengua específica. Necesario es decir, por cierto, que, en otras lenguas, también existe variación de todos los tipos ya expuestos, lo cual nos permite asumir que las lenguas están en permanente cambio y que no son estáticas ni invariables, ya que, además de todas estas variaciones que se dan dentro de un tiempo específico, otros cambios se han registrado de manera histórica a través de un largo período de tiempo, ejemplo de ello es el paso del latín vulgar al castellano. Todo lo expuesto nos permite decir que no existe un "buen hablar" y un "mal hablar", sino un hablar distinto, que no es mejor ni peor y que varía dependiendo de muchos factores. Con esta pequeña y somera explicación de la variación, queremos empezar una semana durante la cual se discutirá y se retomará lo que ya se había discutido desde el primer artículo que se publicó en “6 minutos más”, el cual abordaba los conceptos de “norma” y de “normativa”.

Desde ya, contamos con sus valiosas opiniones y colaboraciones.

Geraldo Flores - Comité editorial
Agrupación 6minutos

6 comentarios:

Laura Arroyo Gárate dijo...

Buena editorial Geraldo, sobre todo porque con el detalle en la explicación queda clara la falaz argumentación que sustenta el supuesto "buen hablar" o "habla culta" (muy de moda en estos días), e incluso algunas nociones más escondidas, pero existentes, como la de "anorexia linguística".
Por otro lado, también queda clara la ilógica marginación de ciertos grupos debido a sus características linguísticas.

El asunto es complejo, para abordarlo vendrán más artículos.

Geraldo T´ika-kuna dijo...

Bueno, he intentado hacer una somera explicación de un tema que tiene muchos conceptos implicados y que, en unos párrafos, son difíciles de abordar. Espero que todos los que hayan leído este pequeño texto lo encuentren útil e ilustrativo.

Nila dijo...

Leo en RPP que:

La Comisión de Educación del Congreso acordó por unanimidad enviar al archivo el proyecto de ley que proponía la preservación, uso y difusión de las lenguas aborígenes del Perú, y al mismo tiempo decidió nombrar una subcomisión que se encargue de proponer modificaciones a las normas vigentes que versan sobre el mismo tema.La decisión fue adoptada luego de que se viera frustrada la sesión conjunta que iba a llevarse a cabo con la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, que finalmente no ocurrió por falta de quórum de esta última.

En efecto, mientras que la Comisión de Educación contó con la presencia de diez de sus 15 integrantes; por la de Pueblos Andinos sólo asistieron, inicialmente, su presidenta, Gloria Ramos (NUPP), e Hilaria Supa (GPN), a quienes se sumarían luego Helvezia Balta (PAP) y Oswaldo de la Cruz Vásquez (GPF), sin lograr el quórum que se requería.

Antes de adoptar su decisión, la Comisión de Educación fue escenario de un largo debate en el que la congresista Supa hizo una ardorosa defensa del proyecto y del derecho que le asiste a los pueblos indígenas y amazónicos a preservar su identidad.

Por su parte, Martha Hildebrandt (GPF) aclaró su posición sobre el tema en su calidad de lingüista y destacó la preeminencia de las lenguas quechua y aimara sobre las lenguas minoritarias con las que el proyecto proponía igualar.

En el debate terció el legislador Édgar Núñez (PAP), quien selló la suerte del proyecto al detallar, con documentos en mano, que un 95% de las propuestas contenidas en la iniciativa ya estaban incluidas en las leyes 28106, que trata sobre la protección y difusión de las lenguas nativas; 28736, de protección a los pueblos indígenas de la amazonía en situación de aislamiento y contacto inicial; y 28044, Ley General de Educación, que también versa sobre la interculturalidad, el reconocimiento y respeto a la diversidad cultural, y garantiza el derecho a la educación bilingüe, teniendo al castellano como “segunda lengua”.

También citó a la Constitución y a la ley que reconoce al quechua como lengua oficial del Perú, para concluir en que “la única novedad” del proyecto que se debatía era la disposición que proponía que los documentos de identidad fuesen elaborados en castellano y en el idioma local donde residía el ciudadano.

“Las leyes existen, lo que sucede es que no se cumplen ni implementan”, dijo Núñez.


saludos
Nila

Laura Arroyo Gárate dijo...

Nila, gracias por el comentario. Es una pena que se haya visto fruistrada la sesión conjunta, como vemos a veces la voluntad es escasa, en otras ocasiones los recuersos.

Lo que lamento es, sin duda, la opinión del legislador Édgar Núñez quien considera que la "única novedad" es la implementación de documentos de identidad en lengua originaria y castellana.

¿Acaso no se entiende la importancia de la implementación de una LEY DE LENGUAS? Por supuesto que el caso hay que examinarlo al detalle y evaluar la viabilidad del mismo, pero para ello hay que discutir, conversar tanto con los pueblos como con los especialistas (y no hablo de Martha Hildebrandt).

Hay que seguir atentos.

Por lo pronto recomiendo un artículo que Virginia Zavala a publicado en el suplemento "El dominical" del Comercio el día de hoy.

Nila dijo...

Hola Laura,
el 2003 se aprobò Ley de reconocimiento, preservación, fomento y difusión de las lenguas aborígenes http://www.dar.org.pe/legis/normas_indigenas/4_LEY28106.doc
Si bien esa es una ley que no llega a cubrir el vacio legal existente en lo que respecta al artìculo de la contituciòn que dice que las lenguas son oficiales segùn ley , sin precisar què ley,
hay un punto que me parece interesante:
Esa ley debe reglamentarse:
"Artículo 6.- Reglamentación
El Poder Ejecutivo reglamentará la presente Ley en el plazo de sesenta (60) días a partir de su publicación.."
Han pasado ya mas de 60 dias, pero no ha habido reglamentacion,,, Ese es el espacio que se debe aprovechar ahora para exigir la elaboraciòn del reglamento y en la que sean los hablantes de las lenguas indigenas quienes participen activamente.
saludos
Nila

Laura Arroyo Gárate dijo...

Interesantísimo el dato Nila, habrá que ver como articulamos ello porque es indisipensable que los hablantes protagonicen, en la medida de lo posible, la elaboración del reglamento.

Como vemos, se nota nuevamente la poca prioridad que se le da a este tema. Es nuestra responsabilidad mantener el asunto en la agenda mediática y política.

Gracias por el dato.